viernes, 30 de diciembre de 2016

33. El desafío de lo desconocido. (Segunda parte)

Nota: Treintaitresavo capítulo del relato, para ir al primer capítulo pulse aquí:  Capítulo 1

Para ir a la primera parte del treintaitresavo capítulo pulse aquí:  Primera parte



El talismán fue devuelto a la mesa con cada uno de sus hilos en su sitio mientras el hombre esperaba una contestación por mi parte. Yo sin embargo, me limité a guardar de nuevo el objeto en mi chaqueta en silencio sin hacerle el menor caso. Ahora que estaba todo resuelto no tenía que volver a preocuparme porque ese lunático me increpase con sus ecos. Tan solo, levanté la mirada para hacerle frente cuando ya tenía el objeto a buen resguardo en mi poder, diciéndole tras el hecho la siguiente sentencia.

-“Eso ya me lo esperaba sin que usted me dijese nada al respecto. Ahora si hace el favor véndame otro artilugio de estos. El más grande que tenga que quiero regalarle a la señora de la casa algo que tenga un valor para ella aunque para mí se me antoje una inutilidad”-

Al escucharme el hombre se quedó un poco extrañado por mis actos pero si pensó algo al respecto no lo expresó, tan solo realizó la transacción lo más comercialmente posible después de haber vivido tal discrepancia, y me dejó ir con mis objetos sin ni si quiera decirme nada más al respecto del supuesto mal infortunio que generaba mi persona en la aldea a su parecer.

Por mi parte, sin más que un despido cordial, despaché a aquel hombre con premura para volver a encaminarme de nuevo hacia la casa en donde un simple deshilachamiento había provocado una preocupación colectiva difícil de superar incluso en estos dominios bañados por la desesperanza.



De camino a mi destino rodee por las calles que ya me iban siendo conocidas, en busca de otro regalo que pudiera hacer a las dueñas de la casa para agradecer su hospitalidad y buenas maneras para con nosotros, pero todo lo que pude encontrar fue un mercado totalmente rústico en el que vendían todo tipo de alimentos cultivados por ellos mismos en los campos colindantes. Analicé pues la mercancía y me decanté por comprar unas cuantas verduras de la zona junto con cuatro calabazas a un precio considerablemente alto para realizar el rito de “el cuervo enjaulado” que había visto el año pasado por estas fechas, y que de seguro les era agradable el detalle viendo que sus arraigadas supersticiones iban por los mismos derroteros que el significado de esta festividad.

Me encargué de que la cantidad fuera considerable para unas cuantas comidas y, una vez obtenida toda la mercancía, Cameron y yo regresamos al hogar cargados hasta los topes con las calabazas, los amuletos y alguna que otra hortaliza que habíamos comprado para la cena.

Freyja que ya había vuelto de la abrupta búsqueda de sus compañeros para pedirles ayuda ante el mal que se avecinaba en su casa al estar en estos momentos sin protección, abrió los ojos como platos al vernos venir con tanto cargamento de alimentos, e incrédula ante el hecho inaudito que se le presentaban ante ella nos expuso. –“Pero, ¿A dónde vais con todo eso?”-

Al escucharla, la señora que estaba sentada en una de las sillas de la cocina, se acercó a la voz mientras yo les detallaba en voz alta todo el repertorio que había traído al hogar. Esta se detuvo en frente de nosotros y con ayuda de nuestra guía, pudo palpar de primera mano todos los artículos que habíamos obtenido en el mercado hacía unos momentos atrás.



Mientras se deleitaba con los productos, pude observar como la mujer parecía emocionarse muchísimo con el tema de las calabazas que era lo más evidente de nuestro regalo, explicando para sí misma más que para nosotros, la de platos que podría hacer con su relleno.

Yo por mi parte me sentía tremendamente satisfecho de haber creado tal ambiente positivo en el hogar, por lo que creí que era hora de dar la sorpresa final que conllevaba a la solución del problema que habíamos generado momentos atrás. Me metí pues la mano en el bolsillo buscando la mercancía deseada y se la enseñé a las presentes, argumentando también en voz alta de que se trataba para que la señora fuese a su vez participe de lo que estaba sucediendo en dicha habitación.

Fue ahí en el momento en que saqué los amuletos y se los entregué a la chica que ya estaba estirando la mano para recogerlos, cuando por fin conseguí la cara de alivio por parte de ambas al ver que ya no tenían nada que temer. Intenté no exponer mi discusión con el curandero para ahorrar disgustos, y me centré en la parte que sí merecía la pena que supieran para que pudieran volver a la tranquilidad de la cotidianeidad. –“He pedido que arreglasen el antiguo y he comprado uno mayor para tener otro de repuesto por si vuelve a suceder algún contratiempo derivado de este tema. Espero que sea suficiente para pagar los disgustos que ha generado el muchacho en sus vidas. Prometo estar más pendiente de él para que no vuelva a ocurrir nada por el estilo”-.

Aunque fueron unas escasas palabras parecieron trasmitir todo un mundo de buenas intenciones, pues la señora al oírme me buscó para abrazarme con fuerza mientras me bendecía por mi generosidad latente. Yo como en estas situaciones no sé muy bien que hacer, le devolví tímidamente el abrazo exponiéndole a su vez, que no era para tanto como lo estaba pintando. Freyja por su parte se fue a colocar los amuletos de primeras sin hacernos el menor caso en esta feliz resolución. Fue al volver cuando pude ver que, aunque parecía más aliviada que antes, no tenía intención de dejar de reprocharme unas duras palabras acerca de mis acciones para con ella y su querida abuela.

–“Gracias por los amuletos pero no te creas que por haberte gastado tu dinero en nosotras te voy a perdonar. He tenido que avisar a la partida de la noche para que estuvieran atentos por el miedo de que se quedara desprotegida la casa sin nuestro talismán. Lo he pasado fatal por vuestra culpa tanto aquí como en casa del Alvery ese. Así que por mí puedes traer todas las tonterías que quieras para pagar tu culpa que no voy a dejártelo pasar. Para mí, tú y el zumbado ese habéis dejado de existir para siempre. Así que haz lo que tengas que hacer aquí y luego largaos para que volvamos a estar en paz sin vosotros de una maldita vez.”-

Aunque su abuela la recriminó duramente por su comentario, Freyja no cedió en dar una disculpa ante sus increpaciones. Tan solo se encerró en la habitación que ahora ocupaba tras cedernos la suya para nuestro descanso, y se negó de lleno a participar en el cuervo enjaulado cuando se lo propusimos desde el otro lado de la puerta. Tuvimos pues que dejarla estar, y ponernos el resto en lo que quedaba de tarde a vaciar las calabazas, colgándolas posteriormente en los postes como decía la tradición.

Como era la primera vez que llevaba a cabo el rito no tenía mucha idea de cómo realizarlo, pero gracias a la señora que me iba indicando los pasos a seguir, pude ayudarles a ambos a colocar sus espantapájaros a parte del mío delante de la casa. Al parecer, y por lo que me había contado Cleo, esta práctica la hacían más los pudientes de la ciudad a modo de anécdota anual, ya que las calabazas eran algo caras y escasas en este extraño lugar. Pero a ella, a pesar de no haber podido realizarla nunca en condiciones, parecía encantarle la tradición pues me había dicho q algunas veces había intentado crear una variante con pimientos, o alguna otra hortaliza más económica. Al enterarme pues de tal relato, mi conciencia pareció sentirse un poco más aliviada con respecto al tema en cuestión. Me sentía con ello de lo más dichoso habiéndole dado ese capricho a la anciana incluso sin saberlo de antemano.



Al terminar nos pusimos directamente con la cena para elaborar algo comestible con lo que había sobrado de nuestra actividad vespertina. Freyja fue llamada nuevamente para que se uniese a la cena una vez estuvo preparada, pero la muchacha solo salió a por su ración para tomarla a solas en las lindes de la casa mientras nosotros saboreábamos en la mesa todo un surtido de platos hechos con calabaza que la señora había elaborado alegremente durante el resto del día.

Todo iba medianamente bien por una vez, después de un largo tiempo vagando por el bosque y tras un buen puñado de infortunios a la espalda. Sabía además que no era el único tocado por la buena fortuna, pues había sido informado de que mis amigos estaban bien, que Cam estaba increíblemente mejor desde que habíamos llegado a estas extrañas tierras, y que Jason aparecería de un momento a otro para llevarnos a su lado. Todo estaba encauzándose poco a poco después de la locura vivida. Ahora solo tocaba esperar a que regresase mi compañero para poder así irnos todos juntos a por Jack y los testaferros.

Esta mitigación de las preocupaciones era algo que por fin daba cierto descanso a mi alma notándose además en mi humor en la casa, pues a pesar de la ausencia de Freyja estuve totalmente animado durante la cena y su posterior recogimiento. No fue hasta que entrada ya la noche con todo ordenado y a punto de ir a dormir, cuando la chica dio señales de vida desde su posición lanzando un grito aterrador que heló mi sangre de inmediato, dándome cuenta de que en este pueblo maldecido por la inmoralidad de sus actos jamás puede uno bajar la guardia, porque si lo hace puede que su vida y la de las personas que le rodeen, peligren considerablemente ante el ataque de lo desconocido.

Esto es todo por hoy. Si deciden venirse a estos parajes no duden en acercarse a estos campos desolados de este lado del poblado. En ellos podrán ver como el terror implacable acecha en los rincones más oscuros a la espera de que sus pobres víctimas se acerquen sin involuntariamente a su encuentro.
Con afecto.
Tomek Sikorski


viernes, 23 de diciembre de 2016

33. El desafío de lo desconocido. (Primera parte)

Nota: Treintaitresavo capítulo del relato, para ir al primer capítulo pulse aquí:  Capítulo 1



Cuando me relató su particular drama pude ver como lo que me exponía era totalmente un sinsentido. Desde que estaba en este lugar había tenido incontables desencuentros con esos seres sobre humanos sin que hubiera rotura de amuletos de por medio. Por lo que esto se me antojaba como otro burdo temor instaurado en estas extrañas tierras. Sin embargo no debía explicar mis ideas tan certeramente como las sentía. Debía recordar que no tenía que exponer mis impresiones tan a la ligera en este lugar donde supersticiones como esta estaban a la orden del día. Necesitaba pues actuar cuidadosamente para hacerle entender a esta anciana, de una manera más sutil, que no había peligro alguno al que temer en estos momentos.

-“Lo siento mucho. No tenía ni idea de que ese talismán fuese tan importante. ¿Puedo enmendar el error de alguna manera? Me imagino que mis inútiles arreglos no servirán de nada, pero si me indica como poder solucionar este terrible suceso hágalo que inmediatamente me haré cargo para solucionarlo lo antes posible.”-

Mientras mis palabras brotaban de mi boca, la extraña mujer ya estaba negando con la cabeza ante mi propuesta. Al parecer no había una manera sencilla de acatar el problema. Al menos para su punto de vista, ya que en cuanto me expuso la siguiente respuesta me di cuenta de que su apenamiento hacia el arreglo del amuleto venía arraigado a otro totalmente alejado de este asunto en cuestión, que le frenaba en su avance de acabar con este misterioso problema que la tenía totalmente atormentada.

–“Me temo que no lo hay querido. En estos momentos solo Jacob sabe crear estos amuletos que nos separan de esos diablos en toda la aldea. Y he de decir que no son especialmente baratos. Para conseguir este toda mi familia tuvo que trabajar sin descanso durante semanas para poder costeárnoslo. Eso por desgracia era cuando mi hijo aún seguía vivo. Ahora con el pequeño sustento que tenemos nos va a ser imposible conseguir otro por mucho que ahorremos. Estamos totalmente a merced del destino”-

La pobre anciana sollozaba audiblemente entre su relato mientras yo me quedaba totalmente indignado por su significado. Al parecer, ese curandero no era solo un mentiroso que se zafaba de tener unas artes místicas que en realidad no eran ciertas, sino que además estafaba a esta pobre gente que trabajaban duramente en el campo para poder seguir viviendo en este pueblo lleno de desesperanza.

Aunque no me incumbiese como extranjero que era, y más dentro de estas tierras inhóspitas, esa era una cuestión que no podía tolerar. Si ese hombre utilizaba ese tipo de engaño con esas pobres gentes conmigo no le iba a funcionar. Me dirigiría hacia allí y dejaría las cosas claras para que al menos supiera que había alguien en estas tierras dispuesto a no dejarle salirse con la suya con tal burdo engaño.

El problema ahora era calmar a la pobre anciana de su particular desdicha, así que haciendo gala de una fachada de serenidad ante el asunto para no empeorar más las cosas, me dirigí hacia la mujer en todo esperanzador, haciéndole ver que si el dinero era el problema yo tenía la solución al asunto que le correspondía.

-“Por eso no se preocupe. Yo soy escritor y provengo de una familia algo acaudalada, por lo que tengo una amplia solvencia económica para hacer frente a estos problemas. Además yo respondo por el chico que ha sido quien ha roto el amuleto, por lo que quien debería pagarlo soy yo, no usted. Al menos esas son mis creencias para estas situaciones, así que por favor si es usted tan amable, me gustaría que me indicara donde puedo encontrar al curandero para poner todo en orden antes de que anochezca y no haya pues ningún problema que lamentar.”-

La señora al escucharme pareció quedarse pensativa ante el conflicto interno que yo había propiciado con mi resolución apremiante. Estaba claro que no quería hacerme gastar un dinero que era destinado al fin y al cabo para la protección de su hogar, pero también el quedarse desprotegida le suponía un gran disgusto. Finalmente para mi suerte accedió a dejarme hacer mi plan de llevarle a Jacob el talismán para que lo reparase. Dejándome con ello, la libertad que necesitaba para hacerle una visita a tal estafador.

-“Está bien querido si es lo que quieres te lo agradezco de corazón. Ten aquí tienes el amuleto. Si se lo das a Jacob él sabrá que hacer. Ahora mismo te digo como llegar hasta él para que partáis de inmediato que no me gusta teneros fuera cuando empieza a entrar la terrible noche. Ven aquí por favor”-

La señora me hacía señas con la mano para que le indicase mi presencia, así que con un gesto de afecto, le agarré suavemente el hombro mientras le contestaba afectuosamente que todo saldría bien. Ella pareció serenarse ante mis palabras y expresando su conformidad me dio el objeto para que lo llevase conmigo, indicándome tras dicho acto como acudir a la ubicación del curandero con gran exactitud. Le di por ello las gracias y me dispuse pues a partir junto con Cameron y el amuleto rumbo a las profundidades de estas tierras, en donde ya solo pensaba en buscar a aquel hombre que cada vez que me hablaban de él lo consideraba más indigno para la bondad de este mundo.


Una vez fuera recorrimos los estrechos senderos de tierra hacia una parte un poco más alejada de la aldea. Era curioso pero, aunque la mayoría de sus gentes estaban trabajando aún en el campo, al caminar entre sus desiertas calles podía seguir sintiendo de una manera poco racional que nos estaban observando desde la seguridad de los hogares que dejábamos atrás con una rapidez bastante acusada.

Supuse pues que este sentimiento era debido a lo incomodo que me sentía en ese funesto lugar, y seguí adelante en mi empeño de buscar al hombre que no merecía estar en tanta consideración con el pueblo. Avancé por ello caminando a buen ritmo hasta que me lo encontré sentado en el borde de la entrada de su casa, fumando tranquilamente como si nada del otro mundo estuviera pasando. En cuanto me vio giró la cabeza hacia mi dirección, y con un simple. –“Me imaginaba que vendrías”- me saludó escuetamente mientras se levantaba de su descanso y comenzaba a ir en dirección a su hogar seguido a la espalda por mi persona y el chico que le fruncía severamente el ceño como si él también supiese lo que estaba a punto de pasar.

 El lecho parecía a simple vista uno de tantos que había visto en esta parte del pueblo, solamente al entrar pude darme cuenta de que en esta ocasión si me encontraba ante algo diferente ya que, una vez dentro pude observar como la decoración que le había dado a su vivienda tildaba mucho de ser lo que se consideraría normal para una morada como la que estaba observando en esos precisos momentos.

Al parecer el curandero se tomaba muy en serio su labor de tal calibre en la aldea pues, en cada rincón de la casa, ya fuese en las paredes o en el suelo, se encontraba algún utensilio extraño con una forma rústica de muñeco, o enredaderas de todos los tamaños como la que llevaba yo en la mano. El aire también era extraño como de un olor adulzado que a mi gusto protagonizaba más de lo que debería. Por último pude ver como unas pequeñas cuentitas de colores brillaban en una especie de cesta de mimbre que ya estaba sosteniendo el hombre en cuestión hacia mi dirección. –“Ten. Te regalo una. Os librará de los malos espíritus.”-


Al oírle me lo quedé mirando de una manera un tanto escéptica mientras alargaba la mano para coger una de sus posesiones. No es que me deleitase con su regalo, pero no pensaba ser descortés ni con esa clase de gente que a mi parecer se lo merecía más que nadie. La recogí pues sin mirarla si quiera y me la guardé en el bolsillo a la vez que le agradecía su gesto para con nosotros. Como respuesta solo obtuve una observación minuciosa seguida de un –“curioso”- que susurró para sí, dándome a entender que había sacado algo en claro de esa práctica tan banal. En cuanto hubo dejado la cesta en su sitio, el hombre se puso detrás de un sencillo mostrador donde comenzó a atenderme de una manera totalmente impersonal. –“Bueno, tú dirás en que puedo ayudarte”-.

Mientras me exponía tal comercialismo le lancé en la mesa de mala manera el supuesto amuleto que había vendido a Cleo para ahuyentar a los malos espíritus de su hogar. Al verlo no hizo falta decirle más, ya que con una comprensión que dejaba atrás cualquier duda que pudiera seguir a mi extraño acto, el vendedor lo recogió de la mesa y dijo –“Ahora entiendo a que se debía tanto revuelo en el campo hace unos momentos. La que has liado muchacho”-.

A través de su reacción pude observar como una extraña fijación con el objeto comenzó a cobrar parte en su persona. Ni si quiera me miraba a mi o al chico a la vez que exponía tal impresión, tan solo se limitaba a darle vueltas al objeto ensimismadamente como si sintiera un orgullo extremo porque su creación  hubiera vuelto a sus manos. Yo por mi parte no me dejé llevar por la implicación de culpabilidad que transportaban sus palabras, y seguí con la idea que tenía en mente desde un principio. –“¿Puede arreglarlo o habrá que comprar otro nuevo?”-.

Mis ecos tenían un tono directo que pareció no gustarle en absoluto, ya que en cuanto me escuchó dejó lo que tenía literalmente entre las manos, y con una negación súbita de cabeza me contestó –“No es tan sencillo como eso muchacho. Para que este artilugio sagrado dé la protección que necesita se ha de tener fe en todo lo que representa. Una cosa que tu parece ser que no profesas en absoluto”-


Al decirlo me zarandeaba el objeto delante mis narices como echándome la culpa de la rotura concienciada de sus hilos. Este comportamiento tan retador hizo que comenzase a agotar ya la poca paciencia que profesaba para su persona, por lo que con la misma dirección de mis argumentos anteriores le rebatí directamente, para que supiese que a mí al menos, no me engañaba con sus malas artes y artimañas baratas. –“No me venga con esas que puede que a estas pobres gentes les engañe su condenada palabrería pero a mí no me afecta en absoluto, así que haga el favor de dejar de increparme y póngase a reparar ese condenado objeto que para algo le han pagado sus honorarios con creces las señoras con las vivo”-

Tras mis palabras el hombre se me quedó mirando sonriendo como si aquello que acababa de decirle hubiera sido algo que tenía previsto de antemano. Negó suavemente la cabeza con un rubor cómico en su rostro y, sin replicarme en absoluto mis palabras, se dispuso a reparar el amuleto mientras seguía con sus malintencionados argumentos hacia mi persona.


–“He conocido muchos hombres como tú, muchacho. No venidos de otras tierras, pero si gente como tus amigos por ejemplo, que se creen que por haber vivido una vida distinta a la nuestra, ya por ello tienen razón en las creencias que procesan, y nos miran por encima del hombro cada vez que hablamos de las nuestras. Verás, este pueblo tiene algo divino. Yo al menos lo sé. Por eso suelo buscar artilugios que nos ayuden a sobrellevar la carga que trae consigo. A nosotros nos funciona porque los dioses ven que creemos en ellos y nos echan una mano. Sin embargo a ti jamás te ayudarán. Ya me di cuenta de cómo eras nada más verte esta mañana en casa de Cleo, pero después de coger la piedra de los demonios me has dejado bastante claro que es contigo con quien viajan las desgracias. Así que procura cuidarte, chico. Porque no te veo un futuro muy largo como sigas así. Ten. Aquí tienes. Reparado. Puedes llevártelo de vuelta sin coste alguno. Pero te lo advierto. No hará absolutamente nada mientras esté en tu compañía. De eso puedes estar completamente seguro”-
Continuará...

viernes, 16 de diciembre de 2016

32. Descubriendo la verdad (Tercera parte).

Nota: Treintaydosavo capítulo del relato, para ir al primer capítulo pulse aquí:  Capítulo 1

Para ir a la primera parte del treintaydosavo capítulo pulse aquí:  Primera parte


-“Vaya, esto sí que no me lo esperaba”- Fue lo que logré decir ante la sorpresa y la emoción de saber que Jason estaba bien mientras Freyja prácticamente contestaba envenenadamente a mi lectura. –“¡Es un imbécil! ¡Encima que os tenemos aquí va y nos insulta! Ojala Jack o alguno de esos tipos de Larson le den una paliza”- Mientras escuchaba a la muchacha quejarse no dejaba de pensar en la misiva de mi amigo. Había sido escueto. Demasiado. Debía de saber que iban a leer la nota antes que yo, y decidió con ello en mente no arriesgarse a contar nada más por miedo a que no me la diesen, o algo peor.

Sabía que su actuación había sido la más lógica pero me hubiera gustado saber más sobre lo que había pasado con Jack o con el pueblo. Por suerte, Freyja no dejó de hablar durante su cabreo, por lo que pude enterarme de alguna cosa más que me concernía. –“El grupo de la mañana han ido a por unas balas y fue cuando se lo han encontrado. Por lo me han dicho hay rumores de que este forastero lo ha puesto todo patas arriba, abuela. Menuda has hecho metiéndolo en casa. El cazador ese tan vivaracho que siempre se entera de todo estaba al parecer preguntando por las tiendas si habían visto a estos dos. Se lo contó John a David en cuanto entró por la tienda. Menos mal que no le dio mucha importancia y no le preguntó. Sino ya tendríamos al cazador por aquí”-.

Al oír el relato de Freyja me di cuenta de que con nuestra huida no solo habíamos implicado a nuestros amigos, sino que también todo el pueblo, incluida esta gente, estaba sufriendo las consecuencias de mi decisión. Seguramente Jason me subrayó el “mucho” de su escueta misiva por ello. Debía de tener cuidado con lo que hacía y esperar a que la tempestad amainase un poco para poder proceder con el plan con algún tipo de garantía para nuestra seguridad. Sabía que por más que me pesase debíamos de quedarnos en este lugar sino queríamos padecer más infortunios innecesarios, al menos hasta que los refuerzos llegasen y pudiésemos irnos seguramente. 


Si soy sincero esta no era una idea que me entusiasmase de sobremanera en estos momentos, pero debía de pensar también en la parte positiva de tener un cobijo tan seguro después de todo lo vivido. Ante todo esta gente me había acogido de una manera muy generosa sin pedir particularmente nada a cambio. No me quedaba más remedio que intentar al menos, mediar en el problema para darles a entender mi pesar ante los cambios avecinados para con sus personas.

-“Siento mucho los problemas causados de verdad. Creí que las cosas irían con diferente rumbo. Si no les importa esperaremos un poco a que amainen los problemas de nuestro encuentro para poder irnos. No creo que ese curandero pueda ayudar al chico, pero aun así os ayudaremos en todo lo que podamos para que podáis vivir cómodamente en paz. Contribuiremos monetariamente si hiciese falta, y molestaremos lo menos posible. Freyja, a ti te doy las gracias especialmente por dejarme ver que mis amigos están bien y por ser tan generosa al dejarnos tu cuarto. Cameron no se encuentra muy bien como bien sabes así que ha deshilachado un objeto que ha encontrado en tu habitación. Siento mucho que haya ocurrido tal desgracia, pero como ya le he dicho a tu abuela no tienes por qué preocuparte. Intentaré arreglarlo por todos los medios, y si hace falta hasta te compraré uno nuevo para que no sufras la pérdida del mismo. Eso como tu prefieras”-

En cuanto expuse las palabras la chica me miró como se mira a un enemigo deshonroso, y se fue corriendo a su habitación a comprobar lo ocurrido mientras sentía a su abuela decirme. –“Tranquilo muchacho cuando dije que podíais quedaros lo dije desde el corazón. Estad aquí todo el tiempo que creáis conveniente, que nos encantará teneros con nosotras ¿a que sí Freyja?”-.


Estaba claro que la mujer buscaba un poco de cordialidad entre todos nosotros pero esta vez no lo consiguió pues, Freyja al darse cuenta de cuál era el objeto que había roto Cameron pegó un chillido que nos heló hasta los huesos a todos.

Al oírla me levanté seguida de Cloe para ver qué pasaba, pero ella misma ya se acercaba a nosotros gritando. –“¡Lo ha roto! ¡Abuela, ha roto el talismán!”- Yo aún no comprendía que significaba haber estropeado ese montón de hilo enroscado pero la mujer sí, ya que con una voz totalmente fuera de sí expuso. –“¡¿¡El talismán dices!?! ¡Como se explica tan fino creí que se trataría de una manta! Freyja cielo, ve a avisar a los demás. ¡Corre! No quiero que estés fuera para cuando oscurezca”-

La niña al oírla le hizo caso en el acto, y se fue corriendo hacia la puerta mientras la anciana se llevaba las manos al pecho para calmar sus acrecientes nervios. Yo por mi parte me quedé parado en medio de la estancia sin saber que hacer. Aún no comprendía nada de lo que pasaba y me daba reparo preguntar tal y como estaban las cosas, pero si había sido yo el causante de algún mal de seguro debía saberlo. 

Me decidí pues a lanzarme en pos de conocer los detalles exponiendo con sumo respeto la pregunta determinante a la afligida señora –“Disculpe, me imagino que es un momento duro para usted y lo que menos querrá es que la importunen, pero es que no estoy entendiendo nada de lo que está sucediendo en estos momentos. ¿Tan malo ha sido que el chico haya roto ese enredo de cuerdas?”-

Mis palabras sonaban algo directas pero no sabía cómo hacer sino para enfrentar el supuesto problema que teníamos entre manos. Por suerte la mujer no pareció tomárselo a mal, ella simplemente seguía con su apenamiento interno mientras me explicaba la siguiente situación que me hizo cuestionarme alguna que otra superstición dada en esta aldea. –“Ay querido, ese talismán es el que aleja a los mandados de los dioses de esta casa. Ahora con el roto estamos completamente desprotegidos”-.

Esto ha sido todo por hoy. Si se cruzan con la aldea de camino a estas tierras recuerden que no deben tocar nada. Hasta el más mínimo detalle podría acabar por consumir a estas gentes que han vivido siempre del lado más fanático dado en el caos y la destrucción primitiva.
Con afecto.
Tomek Sikorski




viernes, 9 de diciembre de 2016

32. Descubriendo la verdad (Segunda parte).

Nota: Treintaydosavo capítulo del relato, para ir al primer capítulo pulse aquí:  Capítulo 1

Para ir a la primera parte del treintaydosavo capítulo pulse aquí:  Primera parte


Al oírle hablar de sus incoherencias sobre dioses y demás calamidades no pude evitar sentir una preocupación creciente ante nuestro destino en estos parajes.

Mi decisión de reunirme con los campesinos para negociar con ellos un acuerdo, en un intento de limitar el avance insólito de Larson, no solo no había sido como yo me lo hubiera podido esperar en un principio, sino que además la prometida curación que me acaban de exponer estaba tan lejos de resultar realista que incluso me sorprendía que a estas alturas alguien pudiera creer en una sanación tan espiritual, y de gran dudosidad. Yo como era de esperar, era totalmente reacio a esta clase de prácticas, pero la manera de expresarse de este caballero no me inspiraba mucha confianza como para exponerle mis impresiones, así que, en vez de negarme de primeras a su práctica, decidí preguntarle primero por el asunto para tener un argumento más sólido al que agarrarme a la hora de rechazar su disparatada oferta.

-“Lo siento pero a pesar de mis raíces no soy una persona especialmente creyente como para pensar que son seres sobrenaturales los que nos están haciendo todo esto. ¿La forma de curar al chico será en base a la creencia también, o se va a centrar más en algún remedio medicinal en el que podamos observar su estado objetivamente?”-

Por raro que parezca mis simples palabras tuvieron un impacto más acusado del que creí que causarían en un principio. Dejando a un lado al chico que seguía devorando la comida que tenía en el plato, nuestros dos acompañantes se quedaron súbitamente callados conteniendo casi la respiración, al oírme pronunciar mis ecos de preocupación. La mujer parecía especialmente dolida pero no dijo nada al respecto, fue una vez más el curandero, que intentando calmar a la mujer y a sí mismo, me dijo la siguiente sentencia que me daría a entender que aquí se ocultaban más cosas de las que creía en un principio.

-“Hijo, no sé qué educación habrás tenido allá por tus tierras pero has de saber que deshonrar a los dioses de esta manera trae muy mala suerte. Nosotros procuramos todos los días expresarles nuestra devoción dejando incluso que sus enviados paseen por nuestras tierras cuando se le antoje, por lo que te pedimos que si vas a estar por estos parajes hagas lo mismo si no quieres que nos vayamos de este mundo a causa de su cólera”-



Mientras le escuchaba no daba crédito a lo que me estaba diciendo ese hombre criado en el campo. Al parecer no solo creían en que unos extraños dioses a los que veneraban con fervor, sino que además se pensaban que esas horrendas criaturas venían de su mano dejándolas por ello campar a sus anchas destruyendo todo aquello que les era querido. Lo que estaba relatando era totalmente una locura. No podía comprender como esa gente había llegado a la conclusión de que tanto horror y destrucción era causado por una entidad a la que veneraban aunque creyesen que el mismo les enviaba esos terribles seres que les traían la desgracia cada día. Esto al menos para mí era inconcebible, pero sabía que no podía decir nada si no quería meterme en problemas. Ahora mismo aún no estaba recuperado del todo y tenía a Cameron a mi cargo. No podía enredarme en ese embrollo si quería salir airoso de este lugar. Tenía que arreglármelas como pudiera para parecer cordial y respetuoso, en un intento de dejar el tema en el aire y centrarnos así en lo realmente importante.

-“Siento si les he ofendido de alguna manera posible. Como bien saben yo procedo de otro lugar, por lo que estas ideas se me antojan completamente incomprensibles a mi juicio. Pero no se preocupen que de ahora en adelante intentaré no molestarles en ese aspecto tan sensible para ustedes. Ahora si pudiésemos centrarnos en el chico se lo agradecería. Lleva ya una temporada así y me tiene más que preocupado el hecho de que no llegue a recuperarse del todo nunca. Así que por favor, si usted sabe algo de cómo ayudarle dígamelo y le estaré eternamente agradecido”-

Mi importancia por el chico ya se veía completamente desesperada en estos momentos, pero estos señores o no lo querían ver, o creían que era más primordial tratar el tema de sus supersticiones ya que la abuela de Freyja al oírme me dedicó estas suaves palabras para que pudiera estar en paz con el tema de sus deidades. –“No te preocupes querido. Tú no tienes la culpa de no saber nuestras costumbres pero tranquilo que yo te las iré enseñando. Verás cómo en cuanto empieces a conocer nuestra cultura verás las cosas de otra manera. ¿Verdad Jacob?”-

Estaba claro que la mujer buscaba la aprobación de su compañero para que yo me sintiese más aliviado pero la verdad era que poco me aligeraba la carga de mis preocupaciones a la hora de saber que nos había metido dentro de un fanatismo tan exacerbado. El hombre en cuestión también debió percatarse de lo implícito en las palabras de la mujer puesto que no tardó en apresurarse a la hora de afirmar su exposición. –“Cloe tiene razón, perdónanos. Como siempre estamos rodeados de las mismas personas no nos damos cuenta de que los demás no tienen por qué conocer nuestras costumbres. Tu tranquilo. Mientras estéis aquí el chaval recibirá mi ayuda. Intentaré volver a abrir su mente de nuevo. Lo he visto más veces y sé que puedo hacerlo, pero te advierto que este proceso no depende solo de mí. La última palabra de si quiere volver a ser como antes es de él mismo. Si él no quiere volver de la oscuridad en la que está perdido yo no podré hacer nada más que intentarlo.”-.



Mientras el campesino hablaba de sus teorías de la supuesta curación de mi amigo me di cuenta de que no podía hacer nada útil por Cameron. Sus palabras vagas y llenas de misterio se me antojaban como una pantomima que seguramente relataba a todos sus pacientes para que le dejasen estar en ese puesto tan privilegiado de la aldea. Sabía de sobra que fuera lo que fuese lo que Hyter le había aplicado al chico no podría curarse de una manera autónoma sino con unos remedios igual de eficaces que, por mucho que me pesara, sabía que estos hombres no podían llevar a cabo. Solo me quedaba abortar el plan e irme en busca de Jason para que entre los tres hiciéramos algo de provecho. Este era mi plan a partir de ahora pero sabía que no podía exponerlo tan abiertamente delante de estas extrañas personas. Esperaría hasta el anochecer para intentar irme con el menor alboroto posible minimizando así el riesgo de peligro que corría sobre nuestras cabezas desde que vimos lo hostiles que podían llegar a ser las gentes del lugar.

Con todo el plan trazado en mi mente le seguí el juego al campesino diciéndole que necesitaba tiempo para hacerme a la idea, y una vez que se fue, me dediqué a preparar nuestro viaje secretamente camuflado con la excusa de limpiar la habitación en la que habíamos dormido la noche anterior.

Aunque suene malvado, he de afirmar que el que la señora fuese invidente me daba una ventaja enorme a la hora de desarrollar tranquilamente mis intenciones. Una vez instalado en el cuarto junto a Cameron, comencé a organizarlo todo mientras con la puerta abierta iba hablando con la mujer que se encontraba tranquilamente regando y arreglando como podía una maceta que tenía en el centro de la cocina.

Sin quererlo si quiera ordenamos nuestras posesiones primero de lo que me esperaba, pues no había mucho que empaquetar. Cuando nos fuimos solo nos llevamos algunas previsiones y la misteriosa carpeta de Peep junto con el diario de cuero, pero nada más en lo que reparar. Por lo cual, en el momento en que todo estuvo localizado comencé a amontonarlo tranquilamente mientras dejaba a Cameron a su aire observando la habitación con detenimiento. No fue hasta que terminé con todo, que me di cuenta de que el chico se había parado en frente del pequeño armario que había al lado de la cama, para analizar minuciosamente algo que llevaba enredado en las manos de un cierto color amarronado.

Al vérselo pensaba que sería alguna cinta que hubiera encontrado por el suelo mientras yo ordenaba las cosas, por lo que fui a quitárselo de las manos para que no se hiciera daño, pero una vez estuve a su lado pude ver como lo que se suponía que era una simple cinta, en realidad era una combinación de nudos muy elaborado que se enroscaba tirantemente en los extremos.



Este extraño objeto que jamás había visto en mi vida, lucía más valioso de lo que me parecía en un principio, así que con un escueto, -“Cam deja eso que no es nuestro”- intenté quitárselo de sus dedos para dejarlo en algún lugar de la habitación a la espera de que su dueña lo recuperase, pero por desgracia eso no fue posible. La fatalidad hizo que con el deje de nuestras manos este delicado artefacto se rompiese, haciendo que sus cuerdas se deshilaran por un extremo de su perfecta redondez.

Esto era algo que complicaba las cosas, ya que aunque no quería tener nada que ver con esas gentes, no me gustaba andar rompiendo sus cosas por muy sencillas que pareciesen. De manera que asumiendo la culpa, decidí intentar arreglarlo más tarde para que el daño fuera mínimo.

Lo retiré pues con sumo cuidado de las manos del chico y lo dejé encima de la cama mientras la señora, que ya debía haber oído mis advertencias hacia mi amigo, se acercaba tranquilamente a la habitación a la vez que decía –“¿Ocurre algo muchacho? Si necesitáis alguna cosa podéis pedírmela”-.

En cuanto me giré para mirar a la puerta la mujer ya se encontraba en el umbral esperando la respuesta. No sé por qué pero a pesar de que me recordaba a Magda en algunos aspectos no acaba de acostumbrarme a su extraña presencia. Sabía que no debía preocuparme mucho por ello, ya que nos iríamos en unas horas, pero aun así no quería ensombrecer las cosas más de lo que estaban, por lo que me dirigí hacia ella y le dije francamente. –“No es nada, lo siento. Simplemente mi amigo se ha enredado con un objeto de la sala y lo ha deshilachado un poco pero no se impaciente, yo mismo lo arreglaré en un momento. Si lo prefiere puedo pagarle el importe y que se compre uno nuevo. Eso como usted vea”-.

En cuanto le expuse los hechos la mujer pareció tomárselo con humor pues entre risas y revoloteando la mano delante de ella para quitarle importancia, me respondió de lo más despreocupadamente a mi tentativa de arreglo. –“Son cosas que pasan querido olvídate de ellas. En esta casa no hay nada nuevo desde hace mucho tiempo. Un par de hilos no nos van a hacer daño. Vamos, venid conmigo que Freyja está a punto de volver del campo y fijo que trae hambre. Pondremos la mesa y la esperaremos con un buen plato de comida. ¿Os parece?”-.

Sinceramente yo no tenía mucha hambre como para comer a esas horas tan tempranas habiendo desayunado unas pocas horas atrás, pero no iba a contrariar a la señora y a los que parecían los horarios del campo, así que afirmé a sus palabras y nos dirigimos todos hacia la diminuta cocina donde preparamos la mesa de nuevo para que la chica descansara y nos pusiera al día de las novedades que había habido fuera de la casa.

Como si se tratara de un reloj la chica entró por la puerta justo en cuanto acabamos de darle los últimos preparativos a la mesa central. Llegaba llena de tierra y con un cansancio acusado en el rostro, pero para mi sorpresa, no hizo ni el mejor gesto de queja. Tan solo saludó a su abuela antes de ir directamente al baño del que salió totalmente aseada momentos después. Me sorprendía la velocidad con la que se movía teniendo en cuenta que llevaba fuera desde el alba, pero lo que más me chocó es que al sentarnos al almuerzo, Freyja por fin me miró directamente y me habló de lo que más deseaba saber en estos momentos. De mis amigos.



-“Tengo algo para ti tío raro. Me lo ha dado uno de los nuestros de la que venía del pueblo. Al parecer tu amiguito se ha enterado de que estáis aquí y te ha hecho llegar esto”-. Mientras hablaba, Freyja sacó una bolita de papel del bolsillo y la lanzó hacia mi zona sin cuidado alguno. Yo por mi parte la recogí sorprendido pensando de quien se podía tratar, y la desenvolví con cuidado para leer la siguiente misiva.

Debí haberme imaginado que harías algo así. Solo a ti se te podía haber ocurrido irte con esos descerebrados. Ten mucho cuidado y mantente a alerta hasta que vaya a por vosotros. En estos momentos, por raro que te pueda parecer, las calles de Dunwich son más peligrosas que esos lunáticos con los que estás en estos momentos, así que ni se te ocurra irte de allí hasta que yo aparezca.

Jason

Continuará...

viernes, 2 de diciembre de 2016

32. Descubriendo la verdad (Primera parte).

Nota: Treintaidosavo capítulo del relato, para ir al primer capítulo pulse aquí:  Capítulo 1


No se puede decir que descansara demasiado durante las horas que prosiguieron inexorables hasta la mañana siguiente. A parte de la incomodidad que me otorgaba el suelo acolchado con las mantas, los ruidos externos penetraron desde el primer momento en la habitación, haciendo que mi cuerpo se mantuviese en una alerta constante cada vez que el viento o alguna tímida pisada se hacían participes en mi rango auditivo.

Aguante mi nerviosismo enterrado entre las mantas e intentando dormir un poco hasta que el alba comenzó a despuntar por el horizonte. En ese momento desistí en mi frustrado intento de descanso, ya que la actividad en el hogar comenzó a tomar fuerza con unas fuertes pisadas que me anunciaban que alguien se había levantado ya en la casa. Por la manera de andar tan resuelta me imaginé que sería Freyja, pero no me aventuré a constatarlo por el miedo de dejar a Cameron solo en una habitación extraña en donde seguramente se asustaría al despertarse solo sin que no hubiera nadie conocido que le hiciera compañía.

Esperé pues a que se despertase, incorporándome en el suelo y recogiendo el documento que me había llevado de la cabaña de Peep momentos atrás en la noche cuando estaba buscando algo que me sirviese de ayuda para entender un poco mejor el pasado de aquel hombre llamado Thomas al que yo había robado sin intención alguna su identidad. Adueñándome con ello también de sus problemas y del bien que yo consideraba el más preciado de su persona. El cariño incondicional que le procesaba el resto de mis compañeros, y del que yo disfrutaba impunemente hasta el día de hoy.

Me revolví en mi improvisado lecho para recoger de mi lado la carpeta marrón que escondía furtivamente debajo de mi chaqueta. Estaba milagrosamente casi intacto después de todo lo ocurrido en la fatídica noche que habíamos vivido. Al verla de nuevo entre mis manos, una duda recorrió mi mente casi instantáneamente. Su escueto título rezaba “J. Alvery” algo muy esclarecedor pero no tanto como yo quisiera, ya que con solo la inicial no podía saber a qué hermano pertenecía, o si ni si quiera trataba sobre ellos dos, exponiendo la información sobre algún pariente de los chicos ya fallecido, o ubicado en algún lugar del pueblo, lejos de los problemas de la familia. 


Esta falta de información me llevó a pensar que Peep no había tenido más remedio que abrirla para saber de quién trataba dicho documento. El que no hubiera dicho nada respecto a su hallazgo me había sorprendido en un principio, pero ahora, pensándolo fríamente, veía como dependiendo de lo que me encontrase en su interior podía juzgar a ese hombre que no acababa de encajarme sus extrañas motivaciones en toda esta historia.

Básicamente sabía que lo que me encontrara entre sus líneas no solo me escarificaría lo que los testaferros exponían sobre la persona analizada en cuestión, sino que también decidiría mi opinión sobre el cazador, enseñándome si solo era una información banal que no quería compartir con nosotros para que Jason no sufriera más de lo necesario, o sin embargo había tenido la perspicacia de guardarse dicho documento para sí con el fin de utilizarlo para su único beneficio cuando se le presentase la oportunidad. Todo era posible con este hombre y sus anormales actuaciones, así que debía analizar el contenido minuciosamente para saber cómo encajar todo esto desde la visión del extraño cazador. Para ello abrí con cuidado el dosier y visualicé el revelador contenido que me encontré limpiamente entre sus líneas.

Paciente: Jason Alvery.

Edad: 18 años.

Lugar de nacimiento: Dunwich.

Estado civil: Soltero.

Causa del internamiento: Trastorno grave de la personalidad con agravio violento.

Ingreso en el centro: Prioridad extrema de aislamiento. Alto riesgo de fuga.

Observaciones: El paciente Jason Alvery ingresó forzosamente en el centro después de ser retenido y enviado al sanatorio por nuestras propias fuerzas de seguridad. Su exhaustivo seguimiento y su posterior análisis nos han revelado que el señor Alvery sufre un grave trastorno mental que le hace tener inconscientes cambios de personalidad en los que adopta otra identidad por completo, asumiendo un rol más astuto e inmoral que le achaca a su hermano en tiempos de consciencia. 

Mediante nuestros estudios hemos podido ver cómo tanto en libertad como en la confinación de nuestro centro, el señor Jason Alvery ha cambiado radicalmente su comportamiento en momentos de peligro llegando a reconocerse como Jack. El mismo nombre que tiene su hermano gemelo, y que trabaja en nuestras instalaciones desde una edad bastante temprana.

Este trastorno podría haberse efectuado a raíz del asesinato de sus padres y la incapacidad para asumir la enorme pérdida que eso conllevaba, refugiándose para ello en otra identidad más inmoral de la que luego asegura no recordar nada de sus aspectos, negando sistemáticamente que él pueda realizar un acto mental tan sumamente insano. 

Mediante nuestros estudios hemos podido cotejar esta posibilidad con diversas comprobaciones en que veíamos como Jason echaba la culpa de todas sus desgracias a su hermano (el cual nunca estaba presente en las intervenciones) llegando a aparecer su interpretación de Jack tan pulcra y creída que hasta los propios médicos se asombraban del nítido resultado. 

Era tal la diferenciación de sus personalidades que incluso algunos rasgos de la fisionomía de Jason llegaban a cambiar para parecerse más a las de su hermano. Su voz, algo más grave, bajaba el tono para hablar más entre dientes y disimular así su tono delatador. Su cabello alborotado era peinado por sus manos mientras exponía su relato para así acentuarse más al de su familiar que como sabemos por la cercanía que le procesamos, lo lleva siempre de dicha determinada manera. Y sus ojos tan directos como siempre, se entrecerraban en una mirada de soslayo que no indicaba compasión o empatía alguna por el resto del mundo. 

Su actuación llegó a resultar tan convincente que varios celadores y hasta su propio hermano llegaron a temer que les matase a sangre fría durante sus visitas vigiladas a su habitación. Su expediente delictivo abala ya varios crímenes atroces en el que el paciente no tuvo ningún miramiento por sus víctimas antes de quitarles la vida, ni ningún arrepentimiento posterior mientras trataba el tema con nuestros especialistas al cargo. 

Con todas estas evidencias se pide para él una sala reforzada en los pisos superiores para tenerle bajo un absoluto control hasta que al menos la solución expuesta por el aprendiz de médico Hyter Miller pueda ser llevado a cabo por el equipo médico que le tiene al cargo y ya ha dado el visto bueno para la intervención.”

Mientras leía esa sarta de sinsentidos sujetaba a su vez la fotografía ajada y amarillenta de un jovencísimo Jason que parecía haber vivido tiempos mejores. Un cierto aire aniñado del estilo del chico le envolvía mientras su pelo algo más largo de lo habitual, le cubría parcialmente sus ojos cansados y algo entrecerrados mientras miraba con la boca tensada y la ropa del sanatorio hacia el objetivo.


En esos momentos me di cuenta de que todos ellos parecían tener un tormento propio que ocultar. No dudaba en absoluto de que Jason era inocente de todo lo que se le culpaba, pero el internamiento y los diversos “remedios” que querían aplicarle tal y como decían en el documento habían estado ahí en ese entonces donde a su edad y con todo lo que había pasado, no merecía tal destino por mucho que los testaferros se empeñasen en reconocerlo para su propio beneficio. 

Esa evidente injusticia para con mi amigo enervó por completo mis nervios. A pesar de todas las monstruosidades que habíamos padecido en estos parajes de la mano de esos seres que aún no podía afirmar lo que eran en realidad, sabía que el equipo de Larson era un enemigo mucho más atroz. Estos habían cometido tantas monstruosidades con total impunidad, solo por el mero hecho de mantener el absoluto poder ante el que los míos se revelaban. 

Mis oscuros pensamientos hacia su organización comenzaban a enturbiar mi convicción, haciéndome querer marcharme de ahí de inmediato para ir en busca de mi amigo y ofrecerle mi humilde ayuda para acabar finalmente con esos opresores que solo ofrecía sufrimiento a las humildes gentes del lugar. Pero por sensatez descarté casi de inmediato la idea. Necesitaba primero ocuparme de Cameron el cual ya por fin parecía estar despertándose, y aclarar además todo el asunto pendiente con los campesinos antes de partir. Así que intenté por todos los medios relajarme para no asustar al niño, y ayudarle a levantarse para que por fin pudiéramos dar la cara ante esa gente que había cuestionado tan bruscamente nuestra manera de actuar desde que nos vieron por primera vez perdidos por las lindes del bosque.

Si digo la verdad esperaba en Cameron una mayor hostilidad generalizada, que con súbita sorpresa observé que no se daba en su trastocado carácter. Para empezar el solo se levantó de la cama y comenzó a vestirse en la habitación como si nada pasara. Incluso me sonrió levemente al verme quedarme atónito en frente de él visualizando toda la escena con incredulidad. Pero es que además, el mismo abrió la puerta y salió del cuarto hacia lo desconocido seguido de mi asombrada persona que intentaba recomponer en la cabeza el único hecho positivo que se había dado en su salud hasta la fecha desde hacía mucho tiempo. Parecía que aunque todo lo vivido nos había dejado totalmente exhaustos y maltrechos, el aire del campo le estaba sentando bien a Cameron, y eso era decir mucho ya que después de todo lo probado aun seguíamos sin mucha esperanza de que lograse recuperarse de su indisposición. 

Para cuando salimos a la cocina me di cuenta de que la vida en la cabaña había empezado desde los ruidos matinales y no había parado desde entonces. Dos hombres estaban sentados armoniosamente a la mesa, uno lo reconocía porque fue uno de mis captores en el bosque, el otro era claramente más mayor y algo más desaliñado rompiendo con la estética uniforme de toda la aldea. Por más que observé no vi a Freyja por ninguna parte, sin embargo su abuela si estaba tostando pan y haciendo café para todos nosotros. En esa casa tan diminuta era un poco angosto estar todos metidos en una habitación, pero al parecer habían venido ellos en nuestra búsqueda así que no iba a deshonrar la hospitalidad de la buena mujer sugiriendo otro lugar para hablar.

En cuanto los dos hombres nos vieron entrar se nos quedaron mirando en silencio, por lo que fui yo quien rompió el hielo comentando las siguientes palabras de cortesía. –“Buenos días a todos. Siento habernos demorado pero quería que el chico descansase un poco después de lo vivido la noche anterior”-. Cameron al ver a los extraños frunció el ceño pero no hizo ningún ademán de escapar, lo que agradecí infinitamente para mis adentros pues la cosa ya estaba bastante tensa entre los presentes como para avivar más la desconfianza con su inestabilidad. Los hombres me devolvieron vagamente el saludo y volvieron a su mirada extrañada por nuestros modales. Sin embargo la señora parecía estar esperando nuestra presencia con alegría porque al oírme se apresuró a decir. –“¡Buenos días queridos! Pasad, pasad, estoy preparando el desayuno. Sentaos a la mesa.”-.


A pesar de su ceguera parecía muy resuelta a la hora de moverse entre sus cosas, así que dejé de preocuparme porque necesitase mi ayuda, simplemente me dedique a agradecerle a la señora el inmenso café que nos había preparado junto al pan y lo que parecía mantequilla casera, mientras los otros hombres se ponían de acuerdo para hablar entre ellos sobre quien explicaría las cosas. En cuanto lo decidieron, aquel que coincidió con nosotros en la oscuridad de la noche y nos acompañó hasta aquí, comenzó a hablar directamente hacia nosotros para aclarar de una vez las cosas dejadas en el aire en las horas anteriores.

–“Bueno, seré breve porque tengo que irme dentro de nada a trabajar en el campo así que escucha. Freyja nos ha puesto al corriente antes sobre lo que te dijo en tu domicilio. Debía haberte dicho que nosotros tenemos una manera de sanar muy distinta a la manera tradicional que suele hacerse en los centros médicos. Nosotros confiamos nuestras vidas a nuestros curanderos. A nadie más que a ellos. Así que si quieres que miren al crio de Larson, Jacob aquí presente puede hacerlo. Pero tendrás que darle total libertad para que trate con él si quieres que tu amigo haga progresos. A cambio nosotros te pedimos que mantengas lejos de estas tierras tanto a los testaferros como a los cazadores. Me da igual como lo hagas, tu tan solo cumple con esa promesa que nosotros cumpliremos con la nuestra. Me voy que llego tardísimo. Gracias por el café Cloe. Nos vemos Jacob”-.

Y así sin más se levantó mostrando afecto a los suyos, sin dejarme articular siquiera una palabra para defender mis argumentos. En cuanto me habían dicho que podían ayudar a Cam no había caído en que podía ser de una manera tan poco creíble como la que ofrecían esos hombres con sus hierbas y sus ritos. Esto no era algo a lo que yo hubiera dado el visto bueno, o pactado previamente, por lo que me apresuré a exponer mis argumentos de la clara evidencia a un hombre que ya se estaba marchando, y a otro que me miraba con una curiosidad intensamente meticulosa, como quien ve un objeto de extrema rareza por primera vez.

-“Perdone, oiga, perdone pero eso no es lo que quiero. No se ofenda pero no creo mucho en las medicinas espirituales. Además sus condiciones me parecen absurdas. ¿Quieren estar a salvo de nosotros y de los testaferros pero dejan que esas bestias campen a sus anchas por las lindes de las tierras sin hacer nada? Yo sinceramente preferiría alejarme antes de ellas que del ser humano.”-

Mis palabras seguían saliendo a través de mi incredibilidad mientras el campesino que se iba le hacía señas al que seguía sentado para que se encargase él del asunto. Este a su vez asintió despacio y se dispuso a calmarme con sus ecos disonantes que lo único que consiguieron fue que me plantease si realmente había hecho bien metiéndonos en ese lugar donde parecía que la locura cobraba un nuevo significado entre sus lindes. 

–“Tranquilízate hijo. Nuestras peticiones son tan validas como las tuyas. Sabemos de lo que somos capaces. Podemos ayudar al niño a cambio de que cumplas tu promesa. Por su puesto que te podríamos pedir que te encargases también de las bestias, pero eso sería querer asesinarte sin mancharnos las manos, pues ya sabemos que ni tú ni nadie está capacitado para enfrentarse a los dioses, así que no te pediremos tal calamidad. Me llamo Jacob por cierto, espero que podamos llevarnos bien en este tiempo que te espera en nuestras tierras. Encantado de conocerte.”-

En ese duro instante donde ese hombre que parecía más loco que cuerdo me tendía amigablemente su trabajosa mano con un cierto eje extraño en su mirada, supe que salir de ese lugar me iba a resultar más difícil de lo que esperaba.
Continuará